En el Palco ForMóbile, la conferencia “Moldeando el diseño a través del material, el color y el alma”, presentada por Ana Maria Plata Salazar, Head de Colores & Diseño de Munksjö, puso en el centro del debate una pregunta cada vez más relevante para el sector: ¿cómo pueden los materiales, los colores y las superficies generar experiencias que vayan más allá de la funcionalidad?

A lo largo de su presentación en ForMóbile 2026, Ana contextualizó las transformaciones sociales y culturales que están influyendo en la manera en que las personas se relacionan con los espacios.

“Estamos viviendo momentos de incertidumbre. Están pasando tantas cosas a nivel político, socioeconómico y cultural que nos generan un poco de ansiedad y tristeza”, señaló.

Según la especialista, este escenario ha impulsado una búsqueda colectiva de reconexión. Frente a la creciente digitalización de la vida cotidiana y a la superficialidad de las redes sociales, las personas buscan experiencias más auténticas y conexiones reales.

“Nunca habíamos estado tan desconectados. Muchas veces estamos con nuestros amigos y prestamos más atención al celular que a las conversaciones que están teniendo lugar”, destacó.

El regreso de la autenticidad

Uno de los principales temas abordados durante la conferencia fue el agotamiento frente a la búsqueda constante de la perfección. En los últimos años, el diseño de interiores ha estado fuertemente influenciado por la estética de las redes sociales, con espacios pensados para ser fotografiados y compartidos.

Ahora, sin embargo, comienza a ganar fuerza una nueva perspectiva: diseñar espacios para las personas y no para las cámaras.

“Estamos cansados de tantos filtros en la vida real y en las redes, y de crear espacios que no necesariamente nos hacen sentir cómodos”, explicó Ana.

Esta búsqueda de autenticidad también se refleja en la necesidad de romper con la homogeneización de los proyectos. Para la especialista, la excesiva presencia de tonos neutros en los últimos años es un reflejo de ese fenómeno.

“Si vemos los proyectos y los colores que estuvieron en tendencia en los últimos años, siento que el color se fue perdiendo. Todo se volvió beige, todo se volvió gris”, afirmó.

El miedo a arriesgarse también contribuye a esta estandarización. El color, muchas veces asociado con propuestas demasiado atrevidas o informales, termina quedando relegado en favor de soluciones consideradas más seguras.

Superficies que cuentan historias

Para Ana, los materiales y las superficies tienen un papel que va mucho más allá de la funcionalidad. Son capaces de transmitir sensaciones, despertar recuerdos y construir vínculos emocionales con quienes utilizan los espacios.

“Todas las superficies nos cuentan una historia mucho antes incluso de haberlas tocado. Cuando veo un material de lejos, ya estoy percibiendo su color y su textura”, explicó.

En este contexto, la dimensión emocional de los materiales adquiere la misma relevancia
que sus características técnicas.

“Siempre pensamos en lo funcional, pero parte de lo que quiero comunicar es que lo
emocional es tan importante como lo funcional”
, señaló.

La relación con las superficies está presente en prácticamente todos los momentos del día: en el trabajo, en la cocina, en el baño y en los espacios de convivencia. Por eso, las decisiones relacionadas con materiales, colores y acabados también pueden influir directamente en la percepción de bienestar.

Lo que Milán revela sobre el futuro del diseño

Durante la presentación, Ana también compartió algunas de sus principales observaciones de la feria de Milán, uno de los eventos más importantes del calendario internacional del diseño.

Entre los movimientos identificados están la valorización de la imperfección, el uso de materiales provenientes de demoliciones y construcciones, la incorporación de referencias culturales y el regreso de lo artesanal.

La imperfección gana valor

Durante décadas, la industria buscó esconder las marcas y características propias de los procesos de fabricación en nombre de una estética perfecta. “Durante muchos años quisimos ocultar o no dejar en evidencia la forma en que se produce el material. Siempre se trató de ocultar las oldaduras de los metales y buscábamos esa perfección”, comentó.

La tendencia observada actualmente apunta en otra dirección. Las irregularidades, marcas y diferencias pasan a ser características que agregan valor y personalidad a los productos. “Lo imperfecto y todas esas diferencias que tiene el material es lo que lo hace mucho más rico. Si vemos la naturaleza, la naturaleza no es perfecta. La naturaleza tiene sus imperfecciones”, afirmó.

De los residuos a los elementos de diseño

Otro movimiento destacado fue la incorporación de materiales provenientes de demoliciones y construcciones en nuevos productos. “Las sillas están siendo fabricadas con restos de demolición y construcción, algo que muchas veces se pensaba: ‘esto ya no me sirve y va a la basura’. Hoy se convierte en un elemento valioso”, explicó Ana.

La tendencia refleja un cambio de percepción sobre los materiales descartados, que pasan a ser vistos como recursos capaces de aportar historia, identidad y singularidad a los proyectos.

Cultura e identidad local

La identidad cultural también está ganando espacio en el diseño global. En su análisis de la feria de Milán, Ana destacó la creciente presencia de referencias provenientes de distintas regiones del mundo.

“Este año, lo que vi fue una feria mucho más global, donde había mucha influencia del Sur Global entrando en todo tipo de espacios: en cocinas, baños y mobiliario”, señaló. Para la especialista, los movimientos migratorios contribuyen directamente a esta transformación.

“Hay mucha migración llegando y es imposible que las personas no lleven consigo su legado de colores, materiales y conocimientos ancestrales. Las culturas se están mezclando”, afirmó.

Slow culture y el valor de lo hecho a mano

El concepto de slow culture y slow design también ganó protagonismo en la presentación. El movimiento está relacionado con una mayor valorización de los procesos artesanales, de los productos hechos a mano y de una relación más consciente con el consumo.

Para Ana, esta transformación está directamente conectada con la sostenibilidad. “Cada vez somos más conscientes de lo que consumimos y de cómo consumimos. Lo artesanal, lo imperfecto se vuelve más importante y se siente mucho más vivo”, destacó.

La búsqueda de experiencias más auténticas también está impulsando un renovado interés por lo analógico, incluso entre las generaciones que crecieron en un entorno completamente digital.

“Las nuevas generaciones no vivieron el walkman, la cámara de rollo, pero quieren tenerlos. ¿Por qué? Porque hoy tenemos un celular donde tengo miles de fotos y una aplicación donde tengo todas las canciones del universo, pero en realidad no estoy escuchando, no estoy viendo y no estoy disfrutando”, reflexionó.

El regreso de los colores

Entre las principales tendencias presentadas por Ana está el regreso de los colores vibrantes al diseño de interiores y al mobiliario. Más que un recurso estético, el color puede influir directamente en la manera en que las personas perciben y experimentan un espacio.

“El color inmediatamente nos genera una sensación emocional en el cuerpo. Entramos en un espacio blanco, frío, y eso nos va a generar algo. Y si entro en un espacio con color, mi cuerpo va a reaccionar de manera diferente”, explicó.

La especialista también destacó la relación entre los colores y las sensaciones de bienestar, reforzando la importancia de considerar la dimensión emocional en la selección de paletas para proyectos.

Los colores que ganan protagonismo

Entre las tonalidades destacadas se encuentran:

  • Ciruela: tonos profundos y sofisticados;
  • Naranjas quemados: asociados con una conexión con el pasado;
  • Amarillos: especialmente los tonos mantequilla y cera de abeja;
  • Chocolate: nuevos tonos terrosos, intensos y vibrantes;
  • Azul cobalto: vibrante y energético;
  • Verdes: inspirados en la sabana y la naturaleza;
  • Rojos intensos: combinados con violetas y tonos ciruela.

“Son colores que nos conectan con algo del pasado. Y también colores muy vibrantes, desde los neutros hasta los más intensos”, afirmó.

Los nuevos neutros

El tradicional dominio del beige y el gris también comienza a dar paso a una nueva generación de tonos neutros. Ana presentó el concepto de “nuevos neutros”, inspirado en colores encontrados en la naturaleza y en diferentes culturas.

“Salimos del concepto de neutro como el beige y el gris y empezamos a ver colores como el de la arena española, que funciona como el color neutro de las playas”, explicó.

La propuesta amplía las posibilidades de trabajar con paletas neutras sin renunciar a la identidad y a la personalidad de los espacios.

La textura como protagonista

Si el color recupera protagonismo, las texturas también ocupan un lugar central en el diseño contemporáneo. Ana identificó este movimiento como una tendencia de “hipertextura”. Después de años de predominio de superficies extremadamente lisas y acabados ultra mate, el diseño comienza a explorar materiales con mayor profundidad visual y táctil.

“En los últimos años, el acabado estrella era el ultra mate, fingerprint, lo más liso que podíamos tener, velvet, porque buscábamos esa sensación de suavidad”, recordó.

Como ejemplo de esta nueva estética, la especialista presentó un panel de la marca italiana CIMENTO que reproduce la apariencia de azulejos provenientes de una demolición. El resultado refuerza una de las principales ideas de la presentación: la singularidad vuelve a ser un atributo de valor.

“No habrá dos paneles que sean iguales. Es nuevamente cómo hago para que el mío sea diferente y único, y no esa réplica en la que absolutamente todos son homogéneos e iguales en el mundo”, explicó.

Diseñar para las personas, no para las cámaras

En este nuevo escenario, colocar al ser humano en el centro del proceso creativo se convierte en una de las principales premisas. “Los objetos y los espacios que diseñamos deben ser funcionales, pero deben transmitir una sensación. No deben ser intimidantes. Debemos diseñar para el ser
humano y no para la cámara, no para que sea instagrameable”
, afirmó Ana.

La propuesta plantea una evolución en la manera de entender el diseño: un espacio exitoso no es necesariamente aquel que genera más publicaciones en redes sociales, sino aquel que crea una experiencia significativa para quienes lo utilizan.

El diseño como experiencia multisensorial

La experiencia de un espacio no depende únicamente de aquello que vemos. Durante la conferencia, Ana destacó la importancia de integrar diferentes sentidos al proceso de diseño.

Vista y tacto

La relación entre lo visual y lo táctil es fundamental para construir la percepción de un material. “Lo táctil está muy ligado al tema visual porque está comunicando sensaciones de rugosidad o suavidad. Pero, además, es muy importante el aspecto emocional”, explicó.

Luz

La iluminación también tiene un impacto directo en la experiencia. “La luz desempeña un papel muy importante en lo visual. Puedo tener una luz fría o una luz cálida, y eso va a generarme dos cosas completamente diferentes”, señaló.

En este contexto, la luz cálida y las velas vuelven a ganar espacio en los proyectos. “Esta luz tiene el efecto de la llama, que no es constante, que tiene movimiento, y eso también nos genera paz y tranquilidad”, destacó.

Olfato

El olfato es otro elemento que puede contribuir a la construcción de una experiencia
memorable. “El olfato es súper importante a la hora de diseñar, porque es uno de los sentidos que
más carga memoria y nos conecta directamente con ella”
, afirmó Ana.

Un diseño capaz de tocar el alma

Al finalizar su presentación, Ana Salazar reforzó la idea que atravesó toda la conferencia: las superficies no deben ser entendidas únicamente como elementos funcionales o de fondo, sino como parte fundamental de la experiencia humana.

“Las superficies no son simples espacios de fondo, sino que se convierten en algo que, literalmente, va a tocarnos el alma”, concluyó.

Las tendencias presentadas en ForMóbile 2026 apuntan hacia un diseño más humano, sensorial y conectado con la identidad. Materiales auténticos, colores vibrantes, texturas marcadas, referencias culturales y procesos artesanales aparecen como herramientas para crear espacios capaces de despertar emociones y generar conexiones.

Para los profesionales de la industria del mueble y del diseño de interiores, el mensaje es claro: el futuro del diseño no está solamente en crear espacios que funcionen, sino en crear espacios que hagan sentir. Es momento de experimentar, asumir riesgos y colocar la emoción en el centro de los proyectos.